QUE SE NOTE QUE SOMOS MAYORES DE EDAD

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A poquitos. Camino lento. Sintiendo la levedad de la vida. Navegar la horizontalidad de los años. Ir encontrando llaves, que algunas aciertan a abrir los cerrojos de la madurez. Las primeras decisiones con autonomía. La responsabilidad sin marcha atrás. Vestirse de largo y guardar en el baúl el color pastel de la infancia. Votar para aceptar, carnet para desplazarse, cárcel sin tutor, visa para deber, poder para firmar… Lo cosa se pone seria.
Pasándome de los dieciocho por dos, desde una posición de aún aprendizaje, podría hacer balance de casi los cuarenta que me lucen. Pero sería demasiado extenso y, en esta ocasión, prefiero parame en la virtud de ser consciente de que la mayoría de edad se cumple a diario. Porque pienso y considero que vivimos en una puesta de largo continua. Porque tenemos la generosidad de amanecer y por eso sintámonos dichosos. Porque tenemos valor para crear y destruir con estilo propio. Porque somos uno y nuestros adentros únicos. Porque pienso y siento y vivo y grito y salto y lloro y sonrío… Porque respiro.
Bendita la Madre que me parió y bendito Dios que me hizo existir. ¡Qué bonita es la vida! Qué de momentos he podido disfrutar y los que me quedan por vivir. Todo depende de nosotros y como aceptemos las causas de la cotidianidad. ¡Inventemos, Señores! Hagamos de nuestras vidas un eterno pellizco en el estómago con ganas de explotar. Pero hagámoslo bien, por favor, que la basura huele y la maldad canta aunque se quiera enmudecer. No seamos frágiles y dejemos la herencia de miles de sonrisas. Limpiemos nuestras casas y ropa planchada y a la calle. Amigos, que sí, que hay miles de motivos por los que sentirse espléndidos se tenga la edad que se tenga.
¿Sabéis? Muchas veces pienso donde habrán ido los besos que di, las palabras que sentí, las pieles que rocé, los abrazos que apreté, las lágrimas que escondí… Todo aquello que me surgió de dentro y con conciencia. Sé que cada uno de los detalles que tuvieron conmigo están en mis guerras vencidas y así me hicieron crecer y me curtieron dándole forma y vida a mi ser y arrugando mi alma. Pero, ¿y las mías? ¿Habrán dejado la huella que procuré para cada momento? No quiero permitirme la escasez de hacer para deshacer. Quiero dejar la semilla del todo en cada instante con cada individuo que se cruce en mi camino. Y que salga de mi redil con ansias de volver a encerrarse conmigo en otra ocasión por lo bien que le hago sentir. Eso que se dice de “es que da gusto estar con él”. Eso si es existir y vestirse de largo. Que te quieran por lo que desprendes, no por lo que tienes.
Me he equivocado tantas veces… Incluso desde la insensatez he llegado hacer daño. He borrado palabras, he deshecho caminos, he convocado a la ira y he mentido a mi corazón. Y es por eso por lo que me niego a no creer que podamos ser mayores de edad cada día. Porque nuestra responsabilidad es en cada segundo de existencia. Y hay que ser mejores, buenos y bonitos por dentro y por fuera en cada instante. No sólo lo intento, os lo prometo, sino que lucho por ello. Porque he comprobado que la equivocación se vende en cada esquina y depende de nosotros lo de pasar de largo y con indiferencia o quedarnos con ella y contratar sus servicios. El error es una putada. Pero más putada es ser uno mismo el error. Así que ya que los cometemos y los sufrimos, aprendamos de ellos y dibujemos aciertos a partir de ahora.
A mí, me quedan diez años para vestir de largo a mi luz. Y ayer mismo le dije que por mucho que nosotros estemos siempre para apoyo, escucha y consejo, será ella la que tenga que afrontar la vida con decisión propia. Da como miedo prepararlos para las que se les vienen encima, ¿verdad? Hay momentos que no deben perderse como niños que son, está claro. Pero sí depende de nosotros que tomen conciencia de que la vida es un regalo y que estamos de paso. Y no por estar de paso hay que pasarse. Hay que saber enseñar a los 8, a las 18 y a los 48 que no hay que encontrar el error sino el remedio. Que la felicidad y las ganas de vivir solo dependen de uno mismo. Y que hay miles de maneras de ser una persona de bien sin mirar a los ojos a lo que está mal.
Eso es lo bonito de la vida y de ser personas con poderes. Que siempre podemos elegir qué hacer. Pero la mayoría de edad se nota en cómo lo hacemos. Y para acertar nunca es suficiente. Y la mejor enseñanza es el último error. Busquemos la alegría aunque sea duro el empeño. Y que se note que somos mayores de edad.
Alejandro Vega

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